Lagrimas que nutren

Mi amado retoño de rosa, 

Que vigorosa creces en el suelo yermo de este desierto fracturado.

¡Suelo desgraciado! Que ahora me aferra por tu presencia. 

Tú te llevas a diario la mayor de mis riquezas, en estas tierras mortales Sustancia cristalina, 

escasa, que brota de mis ojos.

 Pero me regalas el anhelo de verte florecer algún día.

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