Divinidad asfixiante

 Santa María, madre de Dios 

A ti me he encomendado y frente a ti 

Con las lágrimas desnudas he quedado 


Frente a tu rostro teñido de blanco 

Y la luz arrastrándose por los pilares 

De esa catedral, repleta de fantasmas 

Tan blancos como tu rostro modificado por el siglo de los siglos. 


Me pregunto si toda esta opulencia te desgrasaría, que dirías de tu representación

Tan alejada de ti. 

Una distancia histórica, que aveces siento en mi corazón al rendirme a tus pies. 


La sensación de error, de conflicto y contradicción que marca mi ser, se ve intensificada al rezar, pues, como podría yo si quiera pensar en la idea de hablar contigo, oh, madre de Dios. 


De vergüenza se desprende mi piel y cabellos, al simplemente tenerte cerca de mí

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