Un 29 de mayo

 Y ahí estaba, con Rachmaninoff dando todo al piano en esa sala oscura y llena hasta decir basta.


Sentía tu presencia mientras mi emoción se desprendía de mis ojos sin la voluntad de mi ser. Como toda aquella fuente de recuerdos palpados en aquella pieza, renacían solo para apuñalarme el corazón sin misericordia.


Rachmaninoff escribió su segundo concierto para piano cuando estaba saliendo del abismo; yo, en ese preciso instante, me precipité a él, pero fue la caída más hermosa de mi vida, pues no siempre uno puede caer con la pieza que sintetizó uno de los grandes sentires que experimenté, y que frente a mí, experimentabas con otro.


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